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En los últimos días hemos sido testigos de dos importantes noticias que debemos prestarle nuestra debida atención: la conclusión de las negociaciones del TPP y la drástica caída de El Salvador en los índices de competitividad del Foro Económico Mundial.

El Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica conocido como TPP por sus siglas en Inglés, en términos simples es un tratado de libre comercio que incluye Brunéi, Nueva Zelanda, Singapur, Chile, Australia, Canadá, Japón, Malasia, Vietnam, Estados Unidos, México y Perú. Con una población agregada de 800 millones de habitantes, los países TPP suman el 40% del PIB global y 26% del comercio mundial. El objetivo desde este Acuerdo es eliminar los aranceles (o impuestos de importación) para bienes y servicios, eliminar barreras no arancelarias y armonizar regulaciones entre los estados firmantes creando así el mercado más grande en el mundo. Es de acentuada importancia después de las rondas de Doha que han sido calificadas ampliamente como un fracaso en la estrategia de consensos en política comercial.

El Instituto Brookings de Estados Unidos ha dicho que el TPP será de mucho beneficio para la economía americana, ya que se actualizará la “arquitectura económica internacional” al siglo XXI. También ha escrito sobre las ventajas geopolíticas del acuerdo ya que el gran ausente en este mercado será China continental, a quien con el Acuerdo se ha tratado de contener y a la vez balancear su peso en la economía asiática. El presidente Obama ha retirado que no pueden permitir “que China escriba las reglas de la economía global”. Se anticipa que el TPP beneficie en gran medida a Japón, y posicione a su economía como un factor de más relevancia en la región asiática. El Primer Ministro Shinzo Abe ha manifestado que la prioridad para su gobierno es la Economía, y el TPP impulsará reformas internas necesarias para lograr su fortalecimiento.

Pero además de China, hay otro gran ausente de este acuerdo comercial y que merece nuestra innegable atención: la región centroamericana. Los salvadoreños hemos gozado desde 2006 de los beneficios e incentivos que ofrece DR-CAFTA. El tratado de libre comercio entre los países centroamericanos, la República Dominicana y los Estados Unidos, conocido como DR-CAFTA, representó para nuestro país una oportunidad estratégica después del ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio. Dicho tratado ha incrementado el comercio de bienes entre EEUU y la región un 71%, según datos del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR), sin mencionar los empleos que se han lograron crear por medio de la atracción de inversión extranjera directa gracias a nuestra ventaja competitiva.

Nos debe interesar la firma de un Acuerdo como el TPP ya que con la entrada en vigencia del mismo, el DR-CAFTA cae en riesgo de perder relevancia para las industrias que se beneficiaban de los aranceles preferenciales y por ende podemos perder fuentes de empleos para muchos salvadoreños. Existe una amenaza real que hoy perdamos oportunidades de inversión ante países que han suscrito este acuerdo ya que hoy debemos medirnos con otras economías más competitivas.

La atracción de inversión extrajera directa en El Salvador ha sufrido una innegable caída en los últimos años. El PROESA que conocimos entre 2004-2009 donde, por medio de una estrategia país y metodologías probadas de atracción de inversiones, se logró atraer en inversión extranjera de calidad consolidando clusters como el de la industria textil y ofreciendo oportunidades de empleo en industrias como los Call Centers y BPOs. En un país donde los jóvenes sufren por encontrar oportunidades de empleo y educación, la industria de los Call Centers y BPOs nos brinda alternativas interesantes.

Si la ventaja competitiva de El Salvador, o la región centroamericana, ya no será un arancel “cero” o cuotas preferenciales, nos tenemos que destacar con otros factores: ¿Será que podemos ofrecer estabilidad jurídica, mano de obra altamente calificada, burocracia amigable a los negocios, infraestructura logística de primer nivel funcionando, electricidad estable y a bajo costo, seguridad ciudadana, o un discurso gubernamental libre de confrontación?

La competitividad, que según el Foro Económico Mundial son la “serie de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país o región”, debe ser prioridad en nuestro debate político. Los 12 pilares que contempla el Foro Económico Mundial para medir la competitividad en un país o región son: sus instituciones, la infraestructura, estabilidad macroeconómica, salud y educación primaria, educación superior y capacitación, eficiencia en el mercado de bienes, eficiencia en el mercado laboral, desarrollo del mercado financiero, disposición tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación de los negocios, e innovación. El Salvador en lugar de mejorar en estos indicadores, ha retrocedido considerablemente.

Sin lugar a duda, la apuesta por la competitividad es importante por que entre más productivo es un país o una región, los ingresos y el bienestar de sus habitantes mejoran ya que el nivel de productividad determina en gran medida los niveles de prosperidad del país. Aún falta que los estados que negociaron el TPP aprueben en sus congresos el Acuerdo (y esa batalla no será fácil), pero mientras tanto no podemos quedarnos de brazos cruzados: debemos apostarle a mejorar la competividad de la región y ser más atractivos para la Inversión Extranjera Directa que genera empleos y traduce bienestar a las familias salvadoreñas.

La Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA) ya está haciendo su parte y por ejemplo ha definido cinco medidas prioritarias de corto plazo para aprovechar de manera más eficiente la infraestructura logística existente. Estas medidas se refieren a la declaración anticipada y por medios electrónicos de formularios, agilización de controles migratorios, certificados fito y zoosanitarios electrónicos, el registro de unidades de transporte por medio de recursos tecnológicos, y la utilización de sistemas de cámaras en las fronteras. Espero ver la voluntad política en los gobiernos de la región para implementar muchas reformas en la manera que hacemos negocios.

En El Salvador, la Comisión de Hacienda de la Asamblea Legislativa estará enfocada en el debate del Presupuesto General de la Nación. Desde allí podemos incidir exigiendo un presupuesto basado en un crecimiento real, y con una apuesta a invertir en desarrollo local, educación y solucionar los grandes problemas de inseguridad y falta de oportunidades. Debemos seguir insistiendo en aprovechar el Puerto de La Unión, no solamente para brindar oportunidades de desarrollo en la zona del Golfo de Fonseca, sino para impulsar oportunidades de desarrollo para todo la región centroamericana. Debemos contribuir a que la clase política gobernante tenga un discurso sin confrontación con aquellos que generan empleos y que brinden estabilidad jurídica e institucional a sus inversiones.

El retroceso de El Salvador en los índices de competitividad deben ser un detonante para elaborar una estrategia en nuestro país que permita más inversión extranjera directa y generar más y mejores empleos. Asimismo, la finalización de las negociaciones de un acuerdo de la magnitud del TPP debería ser un llamado de atención a que no podemos quedarnos atrás en las tendencias de la economía global si queremos ser relevantes como región.

Por Fernando Bautista

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