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Somos muchos los salvadoreños que en esta elección votamos por la bandera de Alianza Republicana Nacionalista. Somos muchos los salvadoreños que por medio de nuestro voto manifestamos la confianza en el proyecto político que dice defender la libertad y la democracia. Somos muchos los salvadoreños los que vimos en ARENA el vehículo perfecto para aspirar a participar en la gestión pública por medio de candidaturas y propuestas… pero comparto la crítica que falta definir el rumbo a largo plazo de nuestro partido.

Es clara y urgente la necesidad de impulsar políticas públicas, e iniciativas, que generen oportunidades por medio de la inversión. En la campaña al PARLACEN hablé sobre la necesidad de impulsar una Agenda de Competitividad Regional que transforme a Centro América en una región atractiva para la inversión y apostándole al desarrollo. Siempre he creído que la política social más atinada es, sin duda alguna, la creación de más y mejores empleos. La ciudadanía exige también propuestas concretas en materia de seguridad y una verdadera apuesta por la educación. Todas las propuestas deben ser presentadas con evidencia y argumentos teóricos serios, y dejar a un lado las emociones que usualmente acompañan los discursos políticos. Debemos ser más racionales que emocionales en la función pública: El Salvador merece propuestas que resuelvan los grandes problemas de nación, y en estos últimos años nos hemos quedado solamente con grandes discursos, debates políticos, y slogans de campaña.

Los salvadoreños se volcaron a las urnas en marzo de este año para manifestar el deseo de una clase política renovada que se apegue a las normas de transparencia y a la ola de modernización de las instituciones públicas. No podemos ver al diálogo como antítesis de nuestras posturas y principios, sino un mecanismo para avanzar en sus logros. Vivimos una época incómoda para la clase política tradicional en la cual la ciudadanía cuenta con más herramientas para fiscalizar y dar seguimiento a su accionar: no me canso de insistir en la importancia de la Ley de Acceso a la Información Pública, la Ley de Ética Gubernamental, y el debate alrededor de la nueva Ley de Probidad como herramientas ciudadanas.

Desde el interior de nuestro partido se debe continuar impulsando el camino de reformas que se plantearon en el Congreso de 2014. La democratización interna y la selección de mejores candidaturas y propuestas son parte de la agenda pendiente. En este caso se ha discutido mucho sobre los dobles cargos al interior de nuestro partido: Yo he insistido en regular esta práctica para evitar conflictos de interés, y sobre todo: hacer valer los principios de ética y transparencia que exige la función pública. También he expresado la necesidad de coordinar adecuadamente el trabajo de dirigir el partido con los esfuerzos desde las municipalidades, la Asamblea Legislativa y el PARLACEN, sin que esta coordinación mínima se convierta en la función de la dirigencia partidaria. ARENA necesita profesionalizar e institucionalizar su organización, y aunque a veces los cambios son dolorosos: son necesarios para crecer en una democracia tan exigente como la nuestra. Es importante darle la relevancia y protagonismo a los sectores nacionalistas al interior de nuestro partido, apostarle a la formación política y al estudio de las políticas públicas, y por supuesto: a la comunicación efectiva de nuestras iniciativas. Los frutos de las reformas que emanan del Congreso de 2014 las vimos con los resultados electorales que nos posicionaron como primera fuerza política de El Salvador, pero no es suficiente y lo que sigue deberá abordarse con mucha seriedad y sentido de urgencia.

De poco sirve tener más diputados y más alcaldes sino proponemos un rumbo claro y una visión de lo que queremos lograr para El Salvador:

Ya no basta con defender el voto de los salvadoreños en las urnas, también tenemos que defender la institucionalidad, la libertad y la democracia que El Salvador necesita para ser el país que todos merecemos y es por ello que me sumo al llamado a institucionalizar nuestro Partido. La población exige que los políticos de oposición, lejos de limitarse a oponer, se conviertan en actores que abonen a la construcción de soluciones a los problemas de nación. Para ello, ARENA necesita desarrollar una propuesta de país concreta y enfocar su trabajo en la solución a los grandes problemas, que esta propuesta se construya como una especia de plan de gobierno en la cual se escuchen todas las voces. En otras democracias se plantea una especia de “gabinete en sombra” desde donde los voceros y especialistas específicos para cada tema proponen legislación en para las diferentes carteras de Estado. Me siento optimista que en esta nueva legislatura, ARENA asuma una nueva oportunidad de ser la oposición que la ciudadanía demanda. (A nivel personal, me agrada ver una mejor calidad en el debate legislativo y más dinamismo de nuestros diputados) Pongo toda mi confianza en el liderazgo de nuestro grupo parlamentario, pero lo más importante es la capacidad y creatividad de todos y cada uno de diputados que fueron electos por medio del voto por rostro.

En septiembre ARENA decidirá su futuro, renovaremos dirigencia, pero también tenemos la oportunidad de crecer como institución política. Mi propuesta es construir un Partido con un claro mensaje de defensa a la libertad y democracia, que estudiemos los principios liberales que cimentaron nuestro partido y en base a ellos que presentemos las propuestas correspondientes. El mandato a diálogo expresado en las urnas se debe ver reflejado en nuestro discurso y que las iniciativas a nivel municipal tengan el desarrollo de nuestra ciudadanía como eje principal.

Debemos participar todos con nuestra crítica pero también con nuestras propuestas, desde el interior del Partido pero también desde la sociedad civil.  Algunos deben quitarse el miedo de enrollarse las mangas y participar directamente, y otros deben reconocer que los tiempos han cambiado y dar paso a nuevas propuestas.

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